viernes, 28 de abril de 2017

NO HAY SALIDA HUMANA

Hablemos sobre la esclavitud del pecado, es decir, tu batalla con la carne. Bajo el Nuevo Pacto, Dios permite que pasemos por situaciones para mostrarnos cuán indefensos somos y cuánto dependemos de Él, para ser librados a través de la fe. Dios nunca nos conduce a la tentación, pero a veces, Él permite que lleguemos al final de nuestra capacidad.
Si tienes un pecado que te asedia, espíritus mentirosos vienen contra ti continuamente, con mentiras demoníacas: “No lo lograrás, ¡te hundirás!, acabarás destruido”. Te preguntas: “Señor, ¿cómo me levantaré de esto? ¡He caído tan bajo!”.
Sabes que no puedes escapar del enemigo y que no eres rival para él en una pelea. Así que estás delante de él, encogiéndote, temblando, aterrado. Quizás corres a amigos o consejeros, a cualquiera que te escuche mientras lloras y oras. Estás haciendo todo menos permanecer quieto y confiar en que el Señor traerá liberación.
El Antiguo Testamento nos da ejemplo tras ejemplo de cómo no tenemos poder en nuestra carne para luchar batallas espirituales. Nuestro viejo hombre es absolutamente débil e impotente, pero tenemos a un hombre nuevo dentro de nosotros y él debe someter su vida totalmente a las manos del Señor. Este nuevo hombre entiende que no hay salida humana y que Dios tiene que hacer toda la lucha por él. Resistimos al diablo por el poder del Espíritu Santo, el cual es revelado en nosotros sólo por fe.
“No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo” (Isaías 41:10). 

jueves, 27 de abril de 2017

SÓLO ESTAD QUIETOS

¿Estás enfrentando una severa crisis ahora mismo? Tal vez te preguntas: "¿Qué se supone que debo hacer cuando soy llevado a una situación tan deseperante? ¿Qué debo hacer cuando nada parece tener esperanza, cuando no hay un lugar a dónde ir, ni hay una escapatoria visible? ¿Qué pasa cuando estoy abrumado por el miedo porque todo lo que me rodea se está desmoronando y no tengo respuestas para mis problemas, nadie que me diga cómo salir de mi crisis?".
Nuestro Señor, no es un duro capataz y cuando Él nos ve con miedo, en una difícil situación, Él anhela oírnos clamar a Él. Él se agrada de oraciones tales como: “Señor, ¡estoy asustado! Tú siempre fuiste fiel para librarme y yo sé que Tú tienes el poder para librarme ahora mismo. Padre, pongo mi vida en Tus manos”.
Así le respondió el Señor a Israel, cuando enfrentaba una gran crisis: "No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros...Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos" (Éxodo 14:13-14).
El Señor les estaba diciendo a ellos: “¡El primer asunto con el que deben tratar es con su miedo! Yo pelearé por ustedes, los salvaré y los libraré. Ahora, Yo quiero que dicha promesa sea su fuerza. ¡Que expulse todo miedo!
Y Él está diciéndote lo mismo hoy. 

miércoles, 26 de abril de 2017

CUANDO NO HAY ESCAPE

Leemos en Éxodo 14, que Dios había dicho a los hijos de Israel que acamparan “delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar” (14:2).  Esta ubicación estaba entre dos pases de montaña, con el mar que rodeando un tercer lado. La única ruta posible de escape estaba atrás, en el desierto; y ésta, estaba bloqueada por el ejército de Faraón, que se aproximaba. 
Los israelitas estaban horrorizados ante su situación, ¡y estaban igualmente horrorizados de que Dios mismo los había conducido hasta allí! Había tantas maneras en las que Dios podría haber rescatado a Su pueblo. Él podría haber preordenado que las ruedas de los carros de los egipcios fueran destruidas en pleno desierto, matando de hambre a los egipcios. 
O también podría haber enviado la nube sobrenatural sobre el campamento de los egipcios para confundirlos, haciendo que los soldados corran en caos y desorden durante días. Pero, en su lugar, eligió enviar la nube detrás de los israelitas como protección.
O podría haber enviado un solo ángel para matar a todo el ejército egipcio, en un abrir y cerrar de ojos. Dios podría haber elegido destruirlos en cualquier momento, de muchas maneras.
Sin embargo, el Señor eligió no tomar tales acciones. En lugar de ello, estrujó a Israel en una situación apretada y alarmante, de la cual era imposible escapar por medios humanos. ¿Cómo sabemos que Dios preparó esta situación espantosa para poner a prueba a Su pueblo? Su propia Palabra lo dice así: "Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos" (Deuteronomio 8:2).
El Señor conduce a Sus hijos a situaciones difíciles para poder proveer una oportunidad para que ellos pongan sus vidas en Su mano; para que estén quietos y confíen que Él les dará liberación y dirección.

martes, 25 de abril de 2017

“DIOS, ¿DÓNDE ESTÁS?”

En tiempos de crisis, queremos hacer algo y arreglar la situación. Quedarnos quietos y esperar, va en contra nuestra naturaleza; de hecho, esperar pacientemente que Dios actúe es probablemente lo más difícil del camino cristiano. Incluso los creyentes devotos, entran en pánico cuando el Señor no actúa rápidamente y a menudo claman desesperadamente: "Señor, ¡haz algo!”.
Dios está buscando un pueblo que confíe en Él en todas las crisis, tribulaciones y situaciones sin esperanza. De hecho, aunque sea difícil de entender, a menudo Dios nos lleva a situaciones que son alarmantes y difíciles, con el fin de probarnos. Él quiere ver si estamos dispuestos a permanecer quietos y esperar a que Él traiga una liberación sobrenatural. Él está produciendo buen fruto en nosotros y moldeándonos para ser ejemplos de fe para ser Sus testimonios para con una generación pagana y sin fe.  
"Por Jehová son ordenados los pasos del hombre y él aprueba su camino" (Salmos 37:23). La palabra hebrea "ordenados" aquí significa "preordenado, fijado, ordenado por Dios". Esto significa que es Dios, no el diablo, quien nos lleva a lugares difíciles. Él no sólo permite nuestra tribulación, sino que lo hace a propósito, ¡y eso es difícil de aceptar!
Yo no creo que Dios, alguna vez nos conduzca al borde de una situación difícil, sólo para abandonarnos luego. Él es absolutamente fiel a Sus hijos en cada crisis. Su intervención puede no ser de acuerdo a nuestra agenda, pero Él siempre obra; y es nuestra tarea y privilegio el estar quietos y confiar que Él nos dará la victoria.

lunes, 24 de abril de 2017

SÓLO RESISTE UN POCO MÁS - Gary Wilkerson

¿Alguna vez has estado en un largo viaje por carretera y después de conducir cientos de kilómetros, ves una señal que dice que tu destino está a sólo treinta kilómetros de distancia? Se podría pensar que los últimos kilómetros pasarían rápidamente, pero parecerá que pasaran muy lentamente. La última parte de un viaje puede ser la más difícil.
Lo mismo puede decirse de nuestra fe en circunstancias difíciles. Mi padre me dijo una vez: “Hijo, cuando tengas ganas de darse por vencido, cuando sientas que tu vida perdió sentido y ya no escuchas a Dios, ¡resiste! Esa última parte es la más difícil”.
“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón” (Hebreos 10:35).
Quiero alentarte a resistir un poco más. Sé que tú puedes sentir que tu sueño nunca se hará realidad y que deseas rendirte. Pero Dios te está diciendo: "Espera un poco más, querido. Tu victoria está a la vuelta de la esquina".
He conocido a tanta gente que vive una vida de mediocridad porque las promesas de Dios a ellos fueron lentas en materializarse. Si hubieran resistido un poco más, habrían visto el cumplimiento que anhelaban. Pero abandonaron su fe, se alejaron del valor, abandonaron su sueño y propósito. Y al hacerlo, comenzaron a vivir una vida de callada desesperación porque ya no confiaban más en Dios.
Cuando ya no creemos que Dios pueda hacer grandes cosas, nos movemos en nuestras propias fuerzas, completamente sin Su poder. Así que resiste un poco más porque "después de haber hecho la voluntad de Dios, recibirás lo que Él ha prometido".

sábado, 22 de abril de 2017

ACÉRCATE A ÉL CON CONFIANZA - Nicky Cruz

Para poder ser guiado por Espíritu y ser sensible a todos sus desvíos, primero debemos tener un corazón abierto, que ora y permanece conectado con Dios. Jesús es nuestro mayor ejemplo en esto.
Ningún aspecto de la vida de Jesús brilla más que su dependencia de la oración y la comunión con su Padre celestial. Es la característica que define su ministerio, la fuerza detrás de todo lo que dijo e hizo. Jesús oraba constantemente, en cada oportunidad. Oraba por los pecadores, por sus discípulos, por sabiduría y dirección, por alimento y agua, oraba por todo; y a menudo se apartaba para estar solo y así poder escuchar la voz del Espíritu sin distracción.
La oración es el portal a través del cual el Espíritu Santo tiene acceso a nuestros corazones y mentes, y cualquier pregunta importante sobre la guía y dirección de Dios debe comenzar con este simple acto de comunicación.
Cuando oramos, debemos ser completamente honestos. Jesús conoce nuestros corazones, motivaciones, pensamientos, pecados y luchas. Comprende plenamente nuestro dolor y nuestra tentación: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”(Hebreos 4:15-16).
Jesús nos entiende mucho mejor de lo que nos entendemos a nosotros mismos. Él nos hizo y vivió entre nosotros. Él sabe lo que estamos pasando y para ser un instrumento efectivo para Cristo es necesario que estemos dispuestos a abrir nuestros corazones y almas a Él, permitiéndole compartir con nosotros en nuestros éxitos y fracasos.
Nicky Cruz, evangelista internacionalmente conocido y prolífico autor, se volvió a Jesucristo de una vida de violencia y crimen después de encontrarse con David Wilkerson en la ciudad de Nueva York en 1958 La historia de su dramática conversión fue contada por primera vez en el libro “La Cruz y el Puñal” escrito por David Wilkerson y más tarde en su propio best seller “Corre, Nicky, Corre”.

viernes, 21 de abril de 2017

¡CREEMOS!

Era la noche anterior a la crucifixión de Cristo. Jesús había reunido a sus discípulos en un aposento alto para prepararlos para su partida de la tierra. Después de compartir la cena con ellos, el Señor tomó una toalla y procedió a lavar los pies de los hombres.
Esa noche, Jesús les dijo a estos devotos seguidores que iba a ser “levantado” (es decir, crucificado) a manos de hombres malvados. Cuando les dijo esto, les estaba anunciando lo que estaba por suceder.
Jesús terminó Su mensaje diciéndoles: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre” (Juan 16:28).
A esto, los discípulos respondieron: “He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas…por esto creemos que has salido de Dios.”(16:29-30).
Los discípulos estaban haciéndole saber a Jesús que entendían claramente lo que les había dicho. Sin embargo, más importante aún, tome nota de sus palabras en el último versículo: “Ahora entendemos…creemos”.
Al parecer una gran fe se había apoderado de sus almas. Estos hombres estaban declarando a Jesús: “¡Ahora lo vemos, Jesús! Ahora lo entendemos. Ahora creemos”.